miércoles, 16 de septiembre de 2009

Caso ABC: Vanessa De La Torre (madre y enfermera)

Revista proceso

La disyuntiva más grande en la vida de Vanessa De La Torre se presentó el pasado 5 de junio pasado, cuando una gran masa de humo espeso y negro golpeó su vista al abrir la puerta que va del filtro de la guardería ABC, hacia la sala de usos múltiples y comedor. Pensó mil cosas en ese momento, pero una fue la que privilegió en su decisión: “Tengo otro niño, no puedo exponer mi vida”. Decidió retroceder y pedir ayuda, pues sabía que su hijo Luis Gabriel estaba adentro, tal vez sin vida. Vanessa no fue de las madres a quienes la tragedia les llegó por teléfono. Ese día salió más temprano de su trabajo y, además, le dieron raite. Llegó a las tres de la tarde a la guardería, tres cuartos de hora antes de lo acostumbrado, justo en el punto máximo del incendio. Desde su trabajo se veía la nube de humo negro y denso, como cuando se queman llantas o plásticos, y se preguntó “¿Qué se estará quemando?”. En la esquina, bajó del carro y caminó hacia la guardería, mientras trataba de sacar conclusiones sobre la nube de humo negra que avistaba a la distancia: “Debe ser la llantera, se va a pasar a la guardería”, y aceleró el paso en una desesperada carrera para descartar su suposición.

Conforme se acercaba a su destino, se alejaba también la tranquilidad. Su vida ya no fue la misma, pues encontró el futuro de México en llamas, pero también la puerta libre para entrar y con ello la posibilidad de salvar a su hijo. “Puede ser que me meta, pero ¿qué saco si de todas maneras no voy a ver al niño de tan espeso que está el humo?”, razonó. Escuchaba a su lado sólo las voces desesperadas de adultos, intentando, en vano, salvar a los pequeños atrapados y por eso concluye que las niñas y niños “ya estaban todos desmayados”. Lo más duro de asumir era imaginar el dolor que estaría sintiendo su bebé de un año cuatro meses. Entre llantos recibió la noticia de que había niños a salvo en una casa vecina, pero nadie tenía una lista. Entre lágrimas, Vanessa pasó un rato viendo pasar niñas y niños en brazos, pero no parecían los mismos que a diario se veían entrar y salir de la guardería ABC, sino seres lastimados por la lumbre, algunos completamente transformados, “tiznados de la punta a los pies”, irreconocibles, recuerda. Empezó a temblar por una crisis nerviosa, pues se imaginó lo peor, que en cualquier momento vería a su niño salir quemado y sufriendo. Gracias a que Luis Gabriel “era muy mordelón”, una de las maestras lo tenía bien identificado, dice Vanessa.

Fue así que encontró a su hijo parado en una de las casas donde resguardaron a los sobrevivientes, con la mirada ida, sin responder a ninguna pregunta, borrando por mucho tiempo la sonrisa que lo caracterizaba. Traía un solo huarachito, lo que delataba cómo fue que salió, tal vez corriendo o, si tuvo suerte, en los brazos de alguien. Aunque su pierna estaba con quemaduras de tercer grado, lo que más le importaba a Vanessa era que estuviera “completo”. Sin derecho a la salud De esta forma, la mujer, una de las tantas trabajadoras mexicanas que diario inicia su día al amanecer, para finalizar la jornada con la última tarea doméstica de la casa, al anochecer, hoy tiene una tarea más, producto del incendio del 5 de junio: ser enfermera de su hijo y abogada del derecho a la salud de él y de ella misma.

De ser un bebé sano, Luis Gabriel es ahora uno de los sobrevivientes del percance que presenta el cuadro de pulmones inflamados, flemas y trastornos de conducta y sueño. Aunque las cicatrices por las quemaduras en ambas piernas son visibles a un mes del incendio, el hecho de que no haya sido hospitalizado, hoy significa para Vanessa no tener acceso a un apoyo por parte del IMSS. En una modesta casa de la colonia Nuevo Hermosillo, con escasos muebles, al sureste de la ciudad, Vanessa ha recibido la visita de representantes del Seguro Social, quienes sólo van, le preguntan datos y la disuaden de cualquier exigencia hacia las instituciones responsables, entre otras cosas. Vanessa de la Torre es un claro ejemplo de quiénes son las 500 mil mujeres usuarias de guarderías en México. Su primera tarea en el día era llevar a su niño a la guardería ABC, para irse a trabajar inmediatamente en la Carnicería Genpro, pues entraba a las 7 de la mañana.

La empresa para la que labora, ubicada frente a la penitenciaría, asumió una actitud solidaria, por lo cual Luis Gabriel fue atendido profesionalmente en forma particular y su madre goza de incapacidad laboral para cuidarlo. Nada qué ver con el Seguro Social, que ha evadido la responsabilidad de la atención y tratamiento para el niño. “Se veía buena guardería”, afirma Vanessa, quien ya había sido usuaria por su hijo mayor, hoy de cinco años. Ella se fijaba en que las instalaciones estaban limpias, la comida era buena y el trato era inmejorable, “pero que no me haya fijado en la seguridad, es otro rollo”, lamenta pensativa. Esta joven mujer de brazos fuertes, que utiliza tanto en la carnicería como para cargar a sus hijos, cuenta que en alguna ocasión reparó en un portón grande y supuso que se abría, pero nunca lo comprobó. Tiempo después sabríamos que el portón de la guardería estaba atorado y una viga atravesada no dejó que se abriera para auxiliar a las niñas y niños. Lamenta no haber entrado algún día a revisar si había extinguidores, o puertas de emergencia, pues nunca se imaginó que pasaría algo así.

De sorpresa en sorpresa Vanessa va de sorpresa en sorpresa. Por un lado la población hermosillense no ha dejado de apoyarla con pañales y leche para el niño, a raíz de una entrevista publicada en un diario local. Otra sorpresa fue la visita de personas que dijeron ir de parte de la Secretaría de Hacienda del gobierno del estado y le llevaron un aparato de refrigeración, lo instalaron y asumieron todos los gastos.. Este es un insumo que Vanessa tenía pendiente, recomendado para enfriar el ambiente donde su hijo, hoy con los pulmones afectados, pueda sobrellevar la evolución de su problema respiratorio. Ella piensa que Hacienda se siente responsable, ya que fue en su bodega donde empezó el incendio que afectó la guardería ABC. En su “donación” tuvieron que instalar vidrios de las ventanas, de los que carecía. Vanessa, madre soltera de dos niños, quisiera creer a Marina Borbón, trabajadora social del IMSS que la visitó para decirle que a los niños menores de cuatro años “se les va a pasar el susto”, se les va a olvidar, que sólo los mayores de cuatro se acuerdan, ellos “sí se van a traumar”. Le recomendó que no platique sobre el incendio delante de él y así se le va a olvidar.

Cuando Vanesa le pregunta por qué está tan “chillón”, ella le recomienda que sea fuerte, ya que el niño tiene que ver a una mamá “que no sea temerosa, que no se asusta”. Dice que si el bebé la ve asustada, él se va a asustar. Que si ella tiene ganas de llorar, lo debe hacer fuera de su vista, le tiene que demostrar que es fuerte, debe jugar con él. Así el niño va a crecer seguro, le dice. Pero que si ella le demuestra temor, el niño va a crecer con miedo. Según ella, las mamás que hoy viven con niños sobrevivientes del incendio, deben aguantarse las ganas de llorar y de dar rienda suelta a sus sentimientos, para que no afecten a sus hijas e hijos. Además, le dice la trabajadora que Dios les ha puesto una prueba y que nadie es igual después del 5 de junio. Asume que ella misma no es igual, pues ha estado en contacto con madres y padres afectados por la tragedia. Como si Vanessa y las demás madres no hubieran sufrido la terrible vivencia, ella casi le recomienda que agradezca la experiencia del incendio, porque ahora es “una mejor persona” que debe de aprender a entender mejor a los demás, y que dé gracias a Dios de que tiene a su bebé con vida.

Le ofreció hacerle una cita con un tanatólogo, y ante la pregunta de Vanessa sobre esa especialidad, le contestó que “era muy bueno que fueran con él”. Cuando esta madre menciona que es muy difícil ir al IMSS a alguna consulta, porque trabaja todos los días, contundente le responde: “¡Pues ve en tu día de descanso, mija!”. Borbón, quien llegó en una de las ambulancias para traslados programados, mientras pacientes del Seguro Social esperan turno para ser transportados por esas unidades, externa sus recomendaciones basada en suposiciones religiosas. ¿Seguridad social? La joven madre ha tenido que lidiar no sólo con la incapacidad profesional de algunos de los representantes del IMSS, sino con el maltrato del médico familiar que, por ningún motivo, acepta que el pequeño Luis Gabriel está afectado en su sistema respiratorio y requiere atención personalizada de su madre. Por ello le ha negado la incapacidad laboral. Por si fuera poco, se ha quejado ante el director de la Clínica 37 del IMSS de que “la señora lo insultó”, sólo porque con su voz firme y fuerte Vanessa exige que le den incapacidad para cuidar ella misma a su hijo. El director del hospital, de apellido Montesinos, fue quien finalmente le proporcionó esa prestación, sin ningún estudio de por medio, pero no sin antes preguntarle si había insultado al médico. Nada más le ha dado la institución. Luego del 5 de junio, Vanessa de la Torre se ha convertido en una más de las madres afectadas por el incendio de la guardería ABC que hoy luchan por justicia, con miras a que, tarde o temprano, accedan a uno de los más elementales derechos constitucionales: el de la salud.

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