miércoles, 23 de julio de 2008

¿Por la cultura de mi raza?

El pasado 2 de octubre del 2007 proyectaron en el auditorio de la escuela de Historia de la UNICAH la película “Rojo Amanecer” como parte de un programa organizado por alumnos del séptimo semestre de la carrera. Tal programa se realizó para conmemorar a los caidos en en la matanza del 68. El programa contemplaba dos películas y al término de cada una los docentes René Correa, Esaú Marquez y Ana Rincón darían sus comentarios e invitavarían a los presentes a externar sus inquietudes.

De lo tanto que quería decir terminé por decir poco y con algo de enredo. Empecé afirmando que haciendo a un lado todo el romanticismo dado al movimiento del 68 y el énfasis en la matanza habría que analizar la utilidad de la ciencia histórica y el compromiso de la misma con la humanidad. Lo dije porque percibía en la comunidad estudiantil el apasionamiento por el recuento de la escena “épica” de los jóvenes asesinados en lugar de intentar dar una explicación a lo que pasaba entorno a ese evento. Mi argumento era que la juventud del 68 se dejó seducir por el proyecto socialista realmente existente sin conocer la situación de quienes vivían bajo ese proyecto que, como bien sabemos, terminó en fracaso y desconsuelo. Sostengo que ellos fueron una masa utilizada a favor de dirigentes pro-comunistas y de la U.R.S.S. para impacientar al vecino del Norte. Los jóvenes creyeron que la solución estaba en el comunismo soviético. Admiraron a Mao Tse Thung y a Ernesto Guevara quienes también dieron muerte a sus enemigos tanto como fueron idealistas, con más interés en molestar a los Estados Unidos que salvar al proletariado.

El conflicto entre los dos bloques de poder hizo presencia en México como una forma de presionar al enemigo en lugar de solucionar la situación de ese momento histórico. Se sabe que existían inconformidades por parte de los proletariados del país como también se tenían deseos de un cambio social. Es cierto que la única manera como ser humano para hacer patente las inconformidades son las manifestaciones, lo que no es justo y mucho menos aceptable es valerse de las circunstancias para apasionar a la juventud y enviarlos al matadero como mártires. Yo no sé con certeza lo que piensen mis compañeros y mis exdocentes, pero creo saber que todos desean un mundo mejor y por eso son estudiosos de la historia. Lo que desconozco es si me expliqué con mi participación.

El actuar de un compañero al llamarme “reaccionario” e “inconsciente”, más aún, el atrevimiento de invitarme a recursar la licenciatura hizo patente su forma de pensar cerrada e intolerante porque habló sin entender lo que yo decía y sin explicar por qué rompió temblorosamente su comentario.

Externé que desde niño he tenido la necesidad de formarme un acerbo material e intelectual y los bienes que he obtenido han sido fruto de mi esfuerzo. En el sistema capitalista periférico en el cual nos encontramos inmersos las posibilidades de sobrevivir son pocas. No justifico el sistema capitalista, menos desde mi posición de estudiante de historia y asalariado, y tampoco veo con desdén el sistema socialista realmente existente que muchos desean. Creo que es posible combinar un Estado comprometido y un capitalismo más humano.

A fin de cuentas supongo que alguien debía levantarse e invitar al debate. No recuerdo ni estoy enterado que las discusiones estudiantiles abandonen las aulas y se apropien de otros lugares como en el caso de el auditorio. Si cuando un alumno se levanta a expresar una idea contraria a la de la mayoría ésta última se cierra al debate, pienso entonces que ellos ni siquiera necesitan recursar la carrera, deberían abandonarla porque no están preparados para la discusión.



Jenri Ruiz Alegría
Alumno egresado de la licenciatura en Historia.

3 comentarios:

Lord Edramagor dijo...

Me pasé a dejar mi comentario en esta entrada por que en la otra se armó la revolución. No importa, dejé una granada rodando por el piso.
Emmm... algo así me pasó pero a la inversa. Por el msn alguien me pidió que hiciera un programa para criticar al sub Marcos en mi podcast y me saqué de onda, me empezó a decir que sí, que hablara de si en realidad había ayudado a los indígenas o había abierto el paso para el narcotráfico en la selva, y cosas por el estilo.
De primeras me saqué de onda, luego se me empezó a calentar la cabeza y luego me volví a sacar de onda.
Al final, le dije que esperara sentado el programa que me estaba pidiendo por que no lo iba a hacer, aunque ya cambié un poco de opinión.
Quizá pasa que, como tú lo expusiste, pocas veces hacemos la relación de hechos históricos que dan lugar al suceso que en realidad nos preocupa. Olvidamos el origen... pero también me pongo a pensar, cuando dices eso, que, ¿cuántas veces conocemos el verdadero origen de las cosas?
La historia es una ciencia bella, a pesar de que creemos saberlo todo de un cierto momento de nuestro pasado, siempre es posible que alguien llegue y nos pinte un nuevo cuadro... sin embargo, siempre me ha preocupado quiénes son los que cuentan la historia.
En fin, un abrazo. Muy chida tu reflexión.
Sígale así.

Fulano dijo...

En la escuela de historia hay un alto porcentaje de hipócritas, cobardes y convenencieros que se venden al mejor postor. No hay lealtad, ni respeto. Ni entre maestros, ni entre alumnos, ni entre unos y otros. No existe la libertad de expresión ni el apoyo de ningún tipo. Contario a lo que se puede pensar de un universitario todos ahí son fundamentalistas y el curso de rige sobre un sistema que denominaré de "lamer huevos".

Sus rebeldes son perros que ladran y no muerden y si los criticas eres un reaccionario que merece ser exterminado.

Yo estudié ahí y fui de la peor basura que pasó por sus aulas. Pero me siento orgulloso de nunca haber sido un culero, un borrego ni un lamehuevos.

Jord∂n∂ ∂m∂r∂nth∂ dijo...

Lord Edramagor, te sorprenderías si supieras cuántos y cuántas mentes cerradas hay en la escuela de historia de la UNICACH. Muchos creen que al entrar en esa pseudouniversidad salen alumnos y alumnas con palos y piedras; pero al contrario: salen a gatas, con su mirada gacha y con la mentalidad de un borrego... además que varios alumnos de esta carrera piensan que por ser "historiador" ya se es crítico de todo. Ah, y lo peor creen que al ser un "científico social" egresado de la unicach podrás hacer crítica severa y reflexiva de los asuntos del mundo.. que va, de la ciudad misma.