domingo, 13 de agosto de 2006

-Vacío-

Vi tus ojos, tenían sangre; aún no lo podía creer, estabas pálido, sentado bajo aquel árbol. Las gotas caían, y no me hablabas... Ese silencio me estremecía. Estabas inconsciente, distraído, moribundo quizás. No respondías a mis gritos, no escuchabas mi voz; ninguna reacción tuya al tocarte el hombro. Acerqué mi rostro al tuyo, para sentirte... Frío, más frío que la noche. Estabas inmóvil. Parecías un simple cuerpo que no tiene vida; quería creer que estabas vivo, aunque tu cuerpo me indicara lo contrario. Tu corazón no latía, tu piel no sudaba. La sal que debía salir de tus poros, por sangre cambiaba. Agité tu cuerpo. Como si fuese un simple cristal se rompió en infinidad de pedazos. Mil gotas de sangre se expandían al rededor nuestro. Mi corazón decía que no llorara, pero mi alma me ahogaba. Al final de esta travesía mortal, vi que tu cuerpo yacía en el suelo, vacío. En muchos pedazos y fuera de mi vida.
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Jordana Amarantha
Nota: Este texto lo hice para un amigo que se quitó la vida. Era un buen camarada.

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