Tocan la puerta. “Soy la persona que mando a llamar”. Abre y ve al anciano del camino. Al primer vistazo se sorprende, pero se acerca a él y le dice. “Necesito hablar con usted sobre la gente y, sobre algunas ideas de un viejo amigo”.
sábado 30 de septiembre de 2006
Recuerdo de fotografía
Tocan la puerta. “Soy la persona que mando a llamar”. Abre y ve al anciano del camino. Al primer vistazo se sorprende, pero se acerca a él y le dice. “Necesito hablar con usted sobre la gente y, sobre algunas ideas de un viejo amigo”.
jueves 28 de septiembre de 2006
Definitivamente Jueves
miércoles 27 de septiembre de 2006
No tiene título
El joven estaba sentado en la orilla de su cama. Un pequeño libro sostenía su cuerpo. Con los ojos sembrados en los surcos de los párrafos creía, con pertinencia, que esta vez ya había vencido el sueño. No recordaba por qué continuaba con la manía de postrarse a orilla de la cama, si ya había abandonado tal costumbre -de retar su cerebro para terminarse un libro completo. Una sensación casi nula invadía su espalda, su abdomen, su estomago, hasta terminar con los brazos. No podía imaginar la pertinacia de esa sensación. Hasta cuándo seguiría a disposición de que la más noche comiera su más luz de su cuerpo. Después de algún rato el libro queda inconcluso. Toma una libreta de apuntes y anota ciertas cosas que interesaron del texto. Eran, vaya, lo que formaban para el joven el cuerpo de la lectura. Él concebía desde tiempo atrás que el discurso es parte medular de los comportamientos, al discurso en los textos, es decir que desde la narración se crea una marcada tendencia creacionista. Eso le encantaba al joven. La creación de los lenguajes era algo que le había fascinado demasiado. Eso lo había llevado a experimentar con posiciones, formas, métodos de lectura que demostraran la implacable fuerza de devorarse un puñado de palabras. Hasta poner en práctica fuera de los textos. Pero esta vez era extraña la posición. No sabía el por qué se encontraba a orilla de la cama, aunque sí recordaba por qué lo hacía con anterioridad. Esta vez sólo recordaba esa sensación en su cuerpo que no podía definir. Era algo inconcluso –hacía que su cuerpo temblara sin explicación al querer recordar. Sólo una palabra podía mencionar… y temblaba ¡ah! podía sentir una sensación muy chida, aceptaba que lo que le pasaba era sensación bonita...domingo 24 de septiembre de 2006
Dos
Solos en la playa
mi madre y yo paseamos
por el borde del ocaso.
Vamos
pensando en la abuela.
Es tan raro todo esto.
Es como un secreto
bordado de lágrimas.
Solos
mi madre y yo en esta playa
en que la abuela vio peces muertos,
desangrados,
pensando
también
en lo que nos trajo
a este momento,
desoyendo
el riesgo del gerundio,
siendo con la playa
más pequeños
que la arena.
Mario Alberto Bautista
Como sea espero les guste.
Luna
La luna no puede dormir,
no reposa, no descansa.
Es la ojera de Dios pero más amarga.
Luna de cenisa.
Pecera sin peces ni agua.
Luna de mármol.
Luna helada.
Luna para matarse. Para no mirarla.
Luna malvada,
consuelo de los tontos,
plata ficticia.
Luna de queso:
luna láctea.
Moneda de brujas.
Bola de billar sin buchaca.
Luna calva.
La luna es una promesa de nostalgia,
una roca taimada.
Intacta luna,
Luna intacta.
Planeta de la venganza.
Mario Bautista
sábado 16 de septiembre de 2006
Mis lápices negros.

Estar
Hoy te tengo frente a mi.
No quisiste decir qué soy.
Quién soy.
Para qué.
Dónde vivo.
Qué pienso.
Sólo quisiste decir que estoy.
Vuelo y grito por los aires.
Brinco entre nubes oscuras y claras.
Los rayos de Sol tocan mi piel.
Me quemo, me enfrío.
Me pongo tensa.
Hoy vuelo y sueño.
Sueño que estoy despierta.
Y me doy cuenta
que no existo.
¿Sino existo
como es que estoy?
Vázquez Espinoza











