sábado, 30 de septiembre de 2006

Recuerdo de fotografía


Toma la cámara. Espera que esta vez la imagen le salga única. Escoge el lugar. Observa el foco. Programa el tiempo. La coloca en el corral de troncos. Flash. Ve la cámara. Una imagen aceptable. Piensa en las imágenes de la pared de su cuarto. Recuerda en la primera que compró un póster cuando era un joven de secundaria. Un muchacho en busca de personalidad y carácter, recuerda. Ve por primera vez el cuadro en la avenida principal de la ciudad, el lugar de las ventas de piratería y mercancía para las personas de bajos recursos. Se enamora del cuadro. No lo duda y lo compra. Le gusta ver a su personaje favorito de frente. Así como lo vio en la tienda. El lugar que escoge es frente de su cama. Una foto donde está con sus camaradas. Así, como él se llama con sus cuates de barrio y de escuela.

Ahora, ya un joven graduado. Recuerda las aventuras de sus cuates, sus camaradas de barrio. Les decían los “revolucionarios” por estar en contra de todos. Ellos eran los primeros que levantaban el griterío al momento en que un maestro no daba bien la clase o se ponía pendejo. Porque no les gustaba que las autoridades seguían el camino del despotismo. Decían, “su época de maldades ya se acabo”.
Sigue caminando. Ha seguido la terracería por más de tres horas y no llega. Ve las rancherías, sus endebles casas. Vacas buscando pasto hasta por debajo de las piedras. Topa a un anciano, pregunta, “a qué distancia esta la cabecera municipal”, el viejo le dice, “pasando esta lomita donde mires unas vacas en el camino”. Dio las gracias y siguió caminando.
Al momento de seguir el camino recuerda la huelga de campesinos en la que participó y ayudó a las personas a escribir las pancartas y dar pláticas sobre derechos ciudadanos. Recuerda la frase, del cuadro, ‘su camarada’: “La revolución se lleva en el corazón no en la boca para vivir de ella”. Eso tenía ya algunos años, acababa de ingresar a la preparatoria. Ahora que sale y se encuentra en el camino de terracería y las condiciones de vida de la gente de los pueblos es siempre el mismo, le da coraje ver, lo mismo de siempre.
Llega al pueblo. La recepción fue grata. Era como ver la última maravilla del mundo. Se da cuenta, ahora, de lo que en verdad pasa. Pregunta por el mayor del pueblo o, la persona que pueda conducirlo a un lugar cómodo. También menciona que sea una persona respetada por todos. Dice que necesita descansar y lo cita en la mañana siguiente.

Tocan la puerta. “Soy la persona que mando a llamar”. Abre y ve al anciano del camino. Al primer vistazo se sorprende, pero se acerca a él y le dice. “Necesito hablar con usted sobre la gente y, sobre algunas ideas de un viejo amigo”.
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Pedro de Alcaraz
Nota: Salió en el suplemento cultural "El Hacedor" del diario de Chiapas. Me gustó, ¿cuál es tu opinión acerca de este texto?

jueves, 28 de septiembre de 2006

Definitivamente Jueves

Quiero que el veintiuno de agosto del año 2010 a las seis de la tarde como es hoy pases desnuda atravesando el cuarto y preguntes por mi. Si estoy pregunta y sino existo o me he extraviado en algún lugar de la casa, de la ciudad, del mundo, pregunta igual. Alguien responderá. El primero de enero del año 2001 será lunes pero el 21 de agosto de la fecha indicada tiene que ser definitivamente jueves. Y el calor como hoy agotarán las ganas de vivir, las calles serán las mismas para entonces los flamboynes de "F" y trece seguirán floreciedo, muchos amigos no estarán, y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa de la ciudad de mi país, del mundo. Pero quiero que el 21 de agosto al despertar prepares la piel, el corazón, las ganas de vivir.
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Waldo Leyva
Nota: Hoy escuché este poema, me gustó mucho. Cuando tenga tiempo subo el video donde salen Augusto Blanca y Waldo Reyna -entre otros- para que escuches qué tal. De todos modos traté de transcribirlo, pero hay una parte que no comprendo "los flamboynes de 'F' y trece ", si alguien lo conoce favor de corregirme. También la canción que aparece en el video que intentaré subir hay una canción de Augusto que me fascinó.

...

“Ahora, al recordar tus palabras vuelvo a verte en el momento de decirlas”.
Juan García Ponce

miércoles, 27 de septiembre de 2006

No tiene título

El joven estaba sentado en la orilla de su cama. Un pequeño libro sostenía su cuerpo. Con los ojos sembrados en los surcos de los párrafos creía, con pertinencia, que esta vez ya había vencido el sueño. No recordaba por qué continuaba con la manía de postrarse a orilla de la cama, si ya había abandonado tal costumbre -de retar su cerebro para terminarse un libro completo. Una sensación casi nula invadía su espalda, su abdomen, su estomago, hasta terminar con los brazos. No podía imaginar la pertinacia de esa sensación. Hasta cuándo seguiría a disposición de que la más noche comiera su más luz de su cuerpo. Después de algún rato el libro queda inconcluso. Toma una libreta de apuntes y anota ciertas cosas que interesaron del texto. Eran, vaya, lo que formaban para el joven el cuerpo de la lectura. Él concebía desde tiempo atrás que el discurso es parte medular de los comportamientos, al discurso en los textos, es decir que desde la narración se crea una marcada tendencia creacionista. Eso le encantaba al joven. La creación de los lenguajes era algo que le había fascinado demasiado. Eso lo había llevado a experimentar con posiciones, formas, métodos de lectura que demostraran la implacable fuerza de devorarse un puñado de palabras. Hasta poner en práctica fuera de los textos. Pero esta vez era extraña la posición. No sabía el por qué se encontraba a orilla de la cama, aunque sí recordaba por qué lo hacía con anterioridad. Esta vez sólo recordaba esa sensación en su cuerpo que no podía definir. Era algo inconcluso –hacía que su cuerpo temblara sin explicación al querer recordar. Sólo una palabra podía mencionar… y temblaba ¡ah! podía sentir una sensación muy chida, aceptaba que lo que le pasaba era sensación bonita...
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Marco Antonio Castañeda
Nota: El final no me gustó mucho, pero me parece buen texto. De todos modos quizá la imagen no se relaciona, pero al leerlo me hizo imaginarme esa foto.

domingo, 24 de septiembre de 2006

Dos

Solos en la playa
mi madre y yo paseamos
por el borde del ocaso.
Vamos
pensando en la abuela.
Es tan raro todo esto.
Es como un secreto
bordado de lágrimas.

Solos
mi madre y yo en esta playa
en que la abuela vio peces muertos,
desangrados,
pensando
también

en lo que nos trajo
a este momento,
desoyendo
el riesgo del gerundio,

siendo con la playa
más pequeños
que la arena.

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Mario Alberto Bautista

Nota: Este texto de igual forma me pareció agradable... me gustó. Aunque es extraño que Mario escriba poemas ya que a él no le gusta eso (o eso pienso) es, más bien, cuentista. Me late cómo escribe. "Asíiíííí bien locoooo"

Como sea espero les guste.

Luna

La luna no puede dormir,
no reposa, no descansa.
Es la ojera de Dios pero más amarga.

Luna de cenisa.
Pecera sin peces ni agua.
Luna de mármol.
Luna helada.

Luna para matarse. Para no mirarla.

Luna malvada,
consuelo de los tontos,
plata ficticia.

Luna de queso:
luna láctea.
Moneda de brujas.
Bola de billar sin buchaca.

Luna calva.

La luna es una promesa de nostalgia,
una roca taimada.

Intacta luna,
Luna intacta.

Planeta de la venganza.


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Mario Bautista

Nota: Me gusta, por eso lo puse. No sé si haya un "fondo" no sé si haya una metáfora. Pero me gusta. Yo no sé de poesía.

sábado, 16 de septiembre de 2006

Mis lápices negros.

Los lápices negros están rompiéndose. No sé si de tanto usarlos o de que la gente no para de escribir. Mis lápices se están quedando sin goma para borrar los errores, auque son ideas y no equivocaciones. Los lápices no son para todos, no por elitistas, sino porque alguien los ha robado para sí mismo. Mi tilichera se llenó de ellos. Ahora sólo quedan unos cuantos. Existen mis lápices, están ahí, escribiendo conmigo, lo que pienso y opino; lo que siento e imagino; lo que quiero decir y no puedo con la voz que tengo, pero sí con las manos que he formado.

Hoy me han regalado nuevos lápices negros. No tiraré los viejos, sólo estarán juntos. Hoy quisiera escribir con uno de ellos. Escribir que la tarde está melancólica y que tus ojos se han abierto más que ayer, que mi esperanza no muere y que estoy feliz de estar viva. Escribir que estoy contenta de tener lápices nuevos y que con ellos podré expresar lo que siento, lo que pienso y lo que me gustaría vivir.
Mis lápices negros jamás me defraudan, es por eso que siempre los llevo conmigo.

Estar

Hoy te tengo frente a mi.
No quisiste decir qué soy.
Quién soy.
Para qué.
Dónde vivo.
Qué pienso.
Sólo quisiste decir que estoy.
Vuelo y grito por los aires.
Brinco entre nubes oscuras y claras.
Los rayos de Sol tocan mi piel.
Me quemo, me enfrío.
Me pongo tensa.
Hoy vuelo y sueño.
Sueño que estoy despierta.
Y me doy cuenta
que no existo.
¿Sino existo
como es que estoy?

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Jordana Amarantha
Vázquez Espinoza
NOTA: Tengo cierta dosis de melancolía. Siento esa emoción de los domingos por la nochesita, cuando el Sol se oculta y sale la Luna.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

¿Qué hacer?


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Jordana Amarantha

Callado...

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Jordana Amarantha

lunes, 4 de septiembre de 2006

Me vi.

Hace unos días me vi en tus ojos...
Jamás los había observado y
encontré parte de mi en ellos.
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Jordana Amarantha